
Ese es el significado de la pequeña localidad que queda al final de la isla Lemuy, denominada Detif.
Un día de invierno en Chiloé, no es un día cualquiera. Muchos de sus paisajes se conjugan con húmedos días grises. Pero esa combinación gris-verde y en momentos con tenues rayos de sol que encienden praderas y pequeños poblados equivalen a un lujo que nadie se debe perder. 
A unos 5 kilometros antes de llegar a Detif, en donde la isla Lemuy se estrecha a tal punto en que sólo lo atraviesa el camino de tierra y en donde el mar, en su inmensidad, te rodea por ambos lados, me encuentro con una
postal del pequeño pueblo, decorada con una extensa playa y su iglesia que mira al mar. Imposible no detenerme y observarla.

A unos 5 kilometros antes de llegar a Detif, en donde la isla Lemuy se estrecha a tal punto en que sólo lo atraviesa el camino de tierra y en donde el mar, en su inmensidad, te rodea por ambos lados, me encuentro con una
Después de quedarme con esa imagen en mi cabeza y la curiosidad de ir a un lugar que no conocía, me desvié hacia ese pueblo. Sin dudarlo, bajé en vehículo una empinada cuesta con el temor de que como es invierno tuviese problemas para poder subirla de vuelta, sin embargo, me encontré con la sorpresa de que estaba completamente pavimentada, justo los 500 mt más necesarios.
Al llegar al final del camino surge imponente su iglesia, destacando sin duda, las
geométricas figuras de colores oscuros que resaltan sobre la puerta. La iglesia de Detif, fue declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, pues bien, después de vivir orgullosamente 5 años en Chiloé, nunca me había dado el tiempo de visitarla.


El pueblo en sí, corresponde a un pequeño grupo de casas de pescadores principalmente, en donde contiguos a la iglesia está la escuelita, la posta y la junta de vecinos, más el característico minimarket.
Se podía respirar un ambiente de completa tranquilidad, sólo un par de señores conversaban la tarde en la esquina de la escuela, también curiosos del fugaz turista de día de se
mana en invierno. En tanto, yo no desaproveché de usar mi siempre compañera
inseparable (máquina fotográfica), para registrar algo único..... todo lo que pude ver ese día. Claro, porque ese día, como todos los días siempre serán únicos, y jamás se repetirán. No verás las mismas gentes en los mismos lugares, las nubes serán diferentes, el color del cielo será otro y el verdor del prado tendrá otro tono.
Luego de permanecer un momento muy tranquilo con el entorno, decido regresar. Al tomar el camino ahora de subida, me encuentro con un pequeño de unos 7 años, vestido de
uniforme escolar, como los de antes (pantalón plomo, sweter azul, camisa blanca y corbata azul), porque parece ser que en estos lugares el tiempo se hubiese detenido. El niño me regala una amplia sonrisa y agita su mano diciéndome adiós. Yo le respondo y pienso, qué bonito es estar acá y que bonita sigue siendo la gente aún,....finalmente el cielo también hace lo suyo.


Luego de permanecer un momento muy tranquilo con el entorno, decido regresar. Al tomar el camino ahora de subida, me encuentro con un pequeño de unos 7 años, vestido de

*Todas las fotografías son ampliables.